La anatomía del tiburón blanco
es la de un auténtico asesino del mar. Hidrodinámicamente
perfecto, el tiburón blanco está dotado de un cuerpo fuerte
y robusto con unas potentísimas mandíbulas y unas aletas
extraordinariamente potentes. La forma de su cuerpo recuerda a la de un
misil ya que su cabez tiene forma de cono lo que le permite mejor "cortar"
el agua y asi oponer menor resistencia lo que le permite ganar en velocidad.
En su cabeza se puede localizar unos conductos encargados de conectar
el delicadísimo sistema auditivo del tiburón blanco además
del sistema vestibular (encargado del sentido del equilibrio).
Como peculiaridad de su anatomía citaremos que sus dientes (de
forma casi simétrica) no sufren desgaste alguno a lo largo de su
vida debido a la posibilidad de reemplazo continuo de éstos. Debido
a este hecho el tiburón siempre tiene un juegos perfectos de "cuchillos"
listo para atacar y desgarrar a su presa.
Dotado de una gran aleta caudal, el tiburón blanco dispone de
un potentísimo propulsor dejando la función de estabilización
al resto de aletas.
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